Cayó.
Restregó la cara contra el lodo.
No murió,
pero sintió que escapaba el último aliento.
Que extraño. Su tercera pierna nunca había fallado.
Auxilio.
La soledad se devolvía como un eco.
Chapoteaba.
Entre más patadas, más lágrimas.
Contaba setenta y tantos.
Habían muchas memorias, pocas glorias
Pero no quedan recuerdos:
Ni nombres, ni momentos.
Desesperanza.
Unida a una gran calma.
Lodosa sangre entre sus canas. Ojos cerrados.
Ahora si, todo queda olvidado.